En estos últimos años se está viviendo una gran crisis sistémica que se refleja en muchos ámbitos de la sociedad. A medida que esta crisis ha avanzado, ha ido generando una situación injusta y en muchos casos insostenible para la población, que en muchos casos vive desorientada mientras ve impotente que el mundo que conoce, las cosas que creía inmutables y que daban seguridad a su vida,  se van destruyendo poco a poco.

Ante situaciones como esta, la gente se siente insegura y le surgen muchas preguntas, muchas dudas. El ser humano tiende a buscar culpables ante este tipo de situaciones y por eso una de las cuestiones que deberíamos analizar primero seria:

¿Quién es realmente el culpable de la situación de crisis actual?

En general siempre hay más de un culpable y no existe un origen único de los problemas. Ante la crisis que vivimos, el grueso de las críticas actualmente se centran en el sistema económico y el sistema político.

Como se ha dicho anteriormente, el sistema económico actual es objetivo de muchas críticas, y es cierto que éste, con su hambre de generar ingresos y buscar beneficios, ha puesto por delante de manera exagerada los intereses económicos y corporativos por encima de los derechos básicos de la población. Aún así no debemos olvidar que para bien o para mal, el objetivo de las empresas y las corporaciones es ganar dinero, no ayudar a nadie ni mejorar la vida de las personas. En el mejor de los casos, ésta puede ser simplemente una consecuencia de su modelo de negocio. El interés de una empresa en el bienestar de la sociedad, se limita al rédito económico que esta le pueda reportar a sí misma.

A diferencia del sistema económico, el sistema político no tiene como objetivo el beneficio ni la generación de ingresos, sino el bienestar de la población, aunque para ello sea vital una buena gestión económica. Para el sistema político, el beneficio no es un fin en sí mismo, sino un medio para mejorar la vida de la gente.

El sistema político es el encargado de legislar para lograr sus objetivos de mejora del bienestar de la población, y todos los ciudadanos y entidades del país están sometidas a sus leyes, por lo tanto si hay disfunciones estructurales en cualquier aspecto de la sociedad, el culpable final son los políticos y son ellos los encargados de buscar las soluciones (ya que ellos son los únicos que tienen las herramientas que les nosotros les otorgamos y que les permiten hacerlo).

Si el sistema político, ya sea por complacencia, corrupción o ineptitud es incapaz de solucionar los problemas de la sociedad, o peor aún, que por su falta de capacidad o connivencia con otros intereses más allá del beneficio de la población, permite que el sistema llegue a situaciones insostenibles, entonces, podemos afirmar que éste ha perdido su razón de ser y debe ser reformado.

Ahora nos debemos hacer dos preguntas: ¿cómo reformamos el sistema político? y ¿que reformamos del sistema político?

 ¿Cómo reformamos el sistema político?

Reformar el sistema político es muy difícil, ya que el sistema define que deben ser los mismos políticos los encargados de hacerlo. En una primera aproximación podríamos afirmar que es virtualmente imposible ya que el sistema está blindado y diseñado para autoprotegerse.

 ¿Las ILP (iniciativas legislativas populares) podrían servir para reformar el sistema político?

No, ya que las ILP sólo son propuestas que deben ser validadas por el sistema político para que puedan transformarse en una realidad, en general, a menos que estas propuestas estén en connivencia con el gobierno nunca prosperan, por lo tanto nunca permitirían una iniciativa que abogase por una reforma del sistema político en general.

 ¿Y las manifestaciones o las huelgas, sirven?

No, las manifestaciones y las huelgas son instrumentos que por sí solos, en general no tienen efectos sobre el sistema político, o en el caso de que lleguen a  tenerlo, estos suelen ser efectos muy escasos y que sólo modifican tangencialmente el problema. Las manifestaciones o huelgas muchas veces nos dan sensación de libertad y de capacidad de actuar, expresarnos y protestar, pero en la mayoría de casos sus consecuencias reales son mínimas. Sólo un movimiento popular masivo y dilatado en el tiempo que pueda generar un colapso importante de la sociedad abriría la posibilidad de un cambio de rumbo en el sistema político. Esto implicaría una suerte de proceso revolucionario.

 ¿Entonces, un proceso revolucionario es la respuesta?

Tampoco. Un proceso revolucionario es muy difícil de iniciar y aun más de controlar, además,  con toda seguridad generará violencia y mucho sufrimiento en la población. Los procesos revolucionarios sólo suceden en situaciones extremas y en ningún caso es una vía recomendable para solucionar los problemas del sistema político. Muchas veces estos procesos nos llevan a nuevos líderes políticos populistas que no son adecuados para redefinir el rumbo de la sociedad y generan nuevos periodos de incertidumbre. Es necesario encontrar nuevos caminos basados en la razón, no en las emociones.

 Vale, entonces, ¿qué hacemos?

Dado que el sistema político se autoprotege de las amenazas exteriores y las revoluciones de corte violento quedan descartadas, la única solución para reformar el sistema político es hacerlo desde dentro del propio sistema político. Es decir, mediante un partido político.

Así que se propone cambiar el sistema político mediante un partido político. No me convence la idea.

Si, puede parecer extraño, pero si se analiza con lógica,  es la única vía posible ya que como se ha comentado el sistema político está totalmente blindado contra cualquier ataque exterior.

Cualquier iniciativa fuera del sistema para permitir una reforma del mismo será ignorada, y en el caso de que tome una mínima notoriedad será tildada de antidemocrática o antisistema. El mismo sistema bloquea todas las vías para su hipotética transformación.

Por este motivo se propone la creación de un nuevo partido político, un partido político conceptualmente diferente del resto. Este partido político no tendría ninguna ideología y en su programa no llevaría ninguna medida con contenido ideológico, ni económico, ni social. El único punto que llevaría en su programa serían una serie de medidas para la reforma y refundación del sistema político en sí mismo. Después de llevar a cabo las medidas de reforma, el partido se disolvería y se convocarían nuevas elecciones, en las que ya no se presentaría.

Pero un partido minoritario no podrá nunca reformar el sistema político.

Totalmente cierto, por ello, este partido no aspiraría a ser un partido minoritario, ya que si así fuese, no tendría suficiente poder para reformar el sistema político. Este partido debería aspirar a disponer de una mayoría social.

Esto es imposible.

Seguramente, pero es la única manera. La fuerza de este partido ante la población sería su falta de ideología y su carácter exclusivamente técnico, gracias a lo cual gozaría de una transversalidad total. Sería un partido centrado únicamente en la reforma del sistema político, sin más iniciativa política, económica o social, y su tiempo de vida se limitaría al mínimo necesario para implementar las reformas.

Vale, asumiendo que esto sea posible, ¿cuáles serían estas reformas? ¿qué significa reformar el sistema político?

Ahora que ya hemos aclarado el cómo, pasemos a tratar el qué.

La idea básica que encontramos detrás de la reforma del sistema político es aprobar una serie de leyes que obliguen a los políticos a trabajar por el beneficio de la población, y que esta obligación no sea una expresión retórica como es actualmente, sino una obligación real, medible y en caso de no ser cumplida, penalizable.

¿Cómo obligamos a los políticos a trabajar en beneficio de la población?

Si se consiguiese llegar a este punto, obligar a los políticos a cumplir este objetivo no sería especialmente complicado, todo se basaría en la modificación de su status quo, haciendo que cualquier persona que quiera entrar en política para lograr su propio beneficio (ya sea económico o en capacidad de influencia en distintos ámbitos) no le resulte rentable, y por tanto, no se presente. Por este motivo se plantean una serie de propuestas encaminadas a lograr este objetivo.

 ¿Qué propuestas?

La lista de propuestas no es ni exhaustiva ni exclusiva. Están abiertas totalmente a debate y en estos momentos sólo persiguen marcar las líneas maestras de la reforma.

Estas serían:

  •  Limitación del salario de los políticos y atarlo al salario medio de la población. El salario de un político debe ser suficiente para vivir y el estado debe asumir los gastos justificados relacionados con su cargo. Pero por encima de todo, un político debe vivir como un ciudadano más, tener sus mismos problemas diarios para poder ser consciente del entorno donde vive y de esta manera poder trabajar para mejorarlo. Un político alejado de la población es un político que no podrá trabajar eficientemente por ella.
  •  Ley de transparencia rigurosa, eficiente, y constante sobre los bienes y los ingresos de todos los políticos y sus familiares. Esta ley estaría diseñada para evitar cualquier tipo de corrupción en el ámbito político y penalizarla con especial contundencia.
  •  Creación de un tribunal electoral y cambio a un modelo presidencialista donde se puedan exigir responsabilidades al gobierno. El modelo presidencialista permitiría implementar un tribunal electoral de carácter popular que fiscalizaría el cumplimiento del programa electoral por parte del partido gobernante. Este tribunal tendría como tarea hacer un control anual del programa, valorar el porcentaje de cumplimiento en relación a unos baremos preestablecidos por ley, y dispondría de la potestad de disolver el parlamento y convocar nuevas elecciones en caso de grave incumplimiento del mismo. En caso de convocatoria de nuevas elecciones, el equipo de gobierno disuelto no podría optar a la reelección.
  •  Eliminación de la capacidad de influencia del sistema político en el poder judicial. No es admisible que el poder judicial sea un órgano controlado por el sistema político. El poder judicial debe ser organizado según criterios exclusivamente objetivos, sin que existan cuotas políticas. De la misma manera se debería eliminar el derecho del sistema político para conceder indultos de manera unilateral.

Si se modificase el sistema político actual con medidas en la línea de las propuestas, se conseguiría que sólo las personas con verdadera capacidad y voluntad de servicio público quisieran entrar en política y gracias a  eso, todos tendríamos un futuro mucho más prometedor.

Asumo que llevar a buen termino estas propuestas es prácticamente una quimera, pero creo sinceramente que vivimos – en épocas de crisis como la actual y también en épocas de prosperidad – en un sistema literalmente podrido por las dinámicas generadas por el mismo, y creo que es importante que la sociedad sea consciente de que existe una alternativa para dar un salto hacia adelante y reformar profunda, y sobretodo, pacíficamente, nuestro país.